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A lo largo de la vida de una empresa hay decisiones que cuestan, y la de prescindir de un trabajador suele ser una de las más complicadas.
Pero cuando esa decisión se toma de mutuo acuerdo, estamos ante un despido pactado, un terreno legalmente válido pero con muchos matices que conviene conocer antes de mover ficha.
Vamos a verlo en profundidad en este post, venga 😜
Un despido pactado es aquel en el que empresa y trabajador acuerdan poner fin a la relación laboral de común acuerdo, normalmente bajo la forma legal de un despido objetivo o improcedente, pero con condiciones negociadas previamente entre ambas partes.
Es decir, aunque sobre el papel sea un despido (con su carta, su causa y su indemnización), la realidad es que se trata de una salida acordada para que el trabajador pueda acceder a las prestaciones por desempleo y la empresa cierre la relación sin riesgo de demandas posteriores.
No hay que confundirlo con:
El despido pactado, por tanto, es una figura híbrida, legalmente se formaliza como despido, pero el motivo real es un acuerdo entre las partes.
Sí, el despido pactado es legal, pero con matices importantes.
El acuerdo de voluntades entre empresa y trabajador es perfectamente válido en Derecho. El problema no está en pactar la salida, sino en cómo se formaliza. Y aquí hay que andarse con cuidado.
El Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) considera fraude de ley cuando empresa y trabajador simulan un despido para que el trabajador cobre el paro, cuando en realidad la salida ha sido voluntaria.
Si el SEPE detecta esto (cruzando datos, recibiendo denuncias o por una inspección), las consecuencias son serias:
Por eso, aunque el despido pactado se utiliza con frecuencia en la práctica, hay que blindarlo bien para que se entienda correctamente que la causa formal del despido sea real o, al menos, plausible, y que la indemnización corresponda al tipo de despido elegido.
Cuando se hace bien, esta figura ofrece beneficios claros para la empresa:
Dentro del marco del despido pactado, existen varias modalidades en función de las condiciones que se negocian:
Es la modalidad más habitual. La empresa abona al trabajador una indemnización superior a la mínima legal a cambio de que firme el acuerdo y renuncia a reclamar.
Las referencias habituales son:
En la práctica, muchas empresas pactan formalizar el despido como objetivo (20 días) pero completan con una "mejora" hasta acercarse o igualar los 33 días, lo que resulta más atractivo para el trabajador.
¿Es posible un despido pactado sin indemnización? Sí, aunque es menos habitual. Suele darse cuenta en dos contextos:
⚠️ Atención aquí. Un despido sin indemnización tiene más papeles de ser interpretado como una baja voluntaria encubierta. Si tu intención es que el trabajador acceda al paro, sin indemnización el riesgo es mayor.
El despido pactado con reducción de jornada se da habitualmente cuando se quiere extinguir una relación en la que la jornada se había reducido previamente (por guarda legal, cuidado de familiares, etc.).
Lo más importante en este caso es el cálculo de la indemnización. Aunque el trabajador esté con jornada reducida en el momento del despido, la indemnización debe calcularse sobre el salario a jornada completa (siempre que la reducción de jornada esté motivada por las causas protegidas del artículo 37 del Estatuto de los Trabajadores).
Es un punto donde muchas empresas se equivocan y acaban pagando menos de lo que toca, con la consiguiente reclamación posterior.
Vamos al terreno práctico. Esto es lo que te recomendamos cuando te toque saber cómo negociar un despido pactado para tu negocio.
Antes de hablar con el trabajador, ten claro:
Llegar a la negociación sin estos límites es la mejor forma de acabar pagando más de la cuenta.
Aunque haya acuerdo, la carta de despido debe contener una causa coherente y verosímil. Las más usadas en despidos pactados son:
Cuanta más coherencia haya con la realidad de la empresa y del puesto, menos riesgo de revisión por el SEPE.
Una vez tengas los números cerrados, la conversación con el trabajador debe ser:
Es habitual ofrecer un primer planteamiento por debajo del máximo que puedes asumir, para tener margen de negociación.
Los puntos clave que deben quedar reflejados:
Aquí entra en juego la parte burocrática:
Una vez firmado el acuerdo, cumple lo prometido al milímetro. Pagar tarde la indemnización o no entregar la documentación a tiempo es la forma más directa de que el trabajador termine acudiendo a los tribunales.
Aunque sea una herramienta útil, hay que conocer los riesgos:
No. Por definición, el despido pactado se basa en el acuerdo entre las partes. Si el trabajador no quiere, la empresa siempre puede ejecutar el despido unilateralmente, asumiendo el riesgo de que se declare improcedente o nulo.
No es obligatorio, pero sí muy recomendable. Una mala redacción del acuerdo o un error en la documentación puede salir mucho más caro que la asesoría.
La indemnización por despido está exenta de IRPF hasta los límites de la indemnización legal (con un máximo de 180.000 €). Lo que excede ese importa tributa como rendimiento del trabajo.
Si la documentación es correcta y se solicita en plazo (15 días hábiles desde la baja), el SEPE suele tramitarlo en pocas semanas. Cualquier incoherencia puede retrasar o suspender la prestación.
Técnicamente sí, pero es un foco enorme de sospecha para el SEPE y la Inspección de Trabajo. Si el trabajador vuelve a la empresa al poco tiempo, el despido puede ser revisado y considerado fraudulento.
Un despido pactado bien gestionado es una herramienta legal muy útil, pero te conviene hacerlo correctamente para que no des en las narices con la Inspección de Trabajo y alguna que otra sanción.
Si tu empresa se enfrenta a una negociación de este tipo y quieres tenerlo todo bien atado, en Openges podrán asesorarte y encargarse de todo el proceso 🙌